EDITORIAL

En los últimos años, hemos visto que el sector de transporte ha apostado definitivamente por la impresión 3D, más allá de las aplicaciones “tradicionales” como prototipado rápido. En búsqueda de la innovación en sectores tan competitivos como automovilístico, ferrovial o naval, la tecnología 3D es una gran aliada.

Sea para conseguir piezas más ligeras, o para tener un diseño más simple , o para mejorar la funcionalidad de las mismas, ¡la impresión 3D ha tomado nuevo rumbo! Y eso gracias a la evolución de la tecnología en 3 vectores: más velocidad de impresión, mejoras herramientas de diseño e innovación en materiales.

Hoy día, encontramos aplicaciones de prototipos funcionales, piezas finales para tiradas cortas, piezas personalizadas, utillajes y repuestos para productos antiguos. Además, se producen moldes temporales o permanentes para piezas finales o moldes para prototipos resuelta muy eficiente, especialmente en gran formato, con las impresoras como Massivit o Builder 3D.

En el sector automovilístico, el aligeramiento es fundamental sobre todo para los vehículos eléctricos porque afecta directamente a la duración de la batería. Hacer moldes para la impresión de los interiores de los trenes representa un gran ahorro de tiempo y coste comparado con los procesos convencionales. En el sector naval, se pueden hacer reparaciones y personalización para los barcos de recreo. Además, los grandes astilleros ya se plantean poner impresoras 3D dentro de los buques para que puedan producir en alta mar las piezas que necesitan reparación. Al combinar la producción convencional y la 3D logramos el mejor de los dos mundos. Y estamos solamente al principio de esta revolución.

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